Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ λόγος, καὶ ὁ λόγος ἦν πρὸς τὸν θεόν, καὶ θεός ἦν ὁ λόγος.
(En el principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y Dios era el verbo)
Juan, 1, 1.
Me rindo ante la inmensidad del verbo,
provocador de primaveras y sismos,
puerta hacia fosas y limbos,
demiurgo del concepto,
vehículo de todo texto,
motor de la saliva,
propulsor de nuevos rumbos y vías,
¡oh bello amuleto de cedro!
que atesoras en ti el valle y el trueno
¿acaso podré leer de tus labios la excelsa poesía?
Cuando me tocas me sumerjo en tu acuario,
tus letras son como el cantar del delfín,
tus sílabas como pétalos de jazmín,
tu epístola vuela como las flechas del sagitario,
patentiza la totalidad y lo fragmentario,
tus cantares resuenan perpetuando un eterno eco,
de tus pausas nació el silencio,
¡oh panacea que sulfuras toda pena!
acero valyrio que pulveriza las cadenas,
¿acaso guiarme sabrás hacia el divino puerto?
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