sábado, 4 de abril de 2020

LUZ


Quiero que me arrojen una granada de luz,
que mi interior rebalse de cegadora incandescencia,
que el resplandor se expanda por todos mis vericuetos,
que las sombras se desintegren como vampiros.

Sólo así podré
ser fiel reflejo de luz,
danzar al ritmo de la melodía universal,
brazear en este mar de fuego sin ahogarme una vez más.

Enredados estamos la telaraña del mercado,
navegando en alta mar sin timón ni brújula,
entregados a los designios del niño llorón:
subyugados,
ante la existencia.
¡ese laberinto cuyos caminos conducen a ninguno y a la vez a todos los lugares!
¡ese rompecabezas infinito que resiste eternamente todo tipo de totalización!
¡ese conjunto de garabatos que un idiota de la ciencia pretender analizar!

Y nuestra mente,
tan limitada como una roca:
un telescopio de plastilina,
un martillo de goma espuma,
un destornillador de papel glasé.

Pretendemos talar un árbol con un cuchillo,
inútiles son nuestros esfuerzos,

Hay tanto.

Fácil es perderse
por las tuberías de las podridas cloacas,
por los pantanos de la oscura selva,
por las corrientes del tumultuoso río.

Todos tenemos un proyector en la frente,
somos los actores de nuestra propia película,
¿de verdad creemos que estamos despiertos?
revoloteamos como mosquitos alrededor de la luz artificial.

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