Quiero que me
arrojen una granada de luz,
que mi interior
rebalse de cegadora incandescencia,
que el resplandor
se expanda por todos mis vericuetos,
que las sombras
se desintegren como vampiros.
Sólo así podré
ser fiel reflejo
de luz,
danzar al ritmo
de la melodía universal,
brazear en este
mar de fuego sin ahogarme una vez más.
Enredados estamos la telaraña del mercado,
navegando en alta
mar sin timón ni brújula,
entregados a los
designios del niño llorón:
subyugados,
ante la
existencia.
¡ese laberinto
cuyos caminos conducen a ninguno y a la vez a todos los lugares!
¡ese rompecabezas
infinito que resiste eternamente todo tipo de totalización!
¡ese conjunto de garabatos que un idiota de la ciencia pretender analizar!
Y nuestra mente,
tan limitada como
una roca:
un telescopio de
plastilina,
un martillo de
goma espuma,
un destornillador
de papel glasé.
Pretendemos talar
un árbol con un cuchillo,
inútiles son
nuestros esfuerzos,
Hay tanto.
Fácil es perderse
por las tuberías
de las podridas cloacas,
por los pantanos
de la oscura selva,
por las
corrientes del tumultuoso río.
Todos tenemos un
proyector en la frente,
somos los actores
de nuestra propia película,
¿de verdad creemos que estamos despiertos?
revoloteamos como
mosquitos alrededor de la luz artificial.
No hay comentarios:
Publicar un comentario